Se acostumbró a mentirse, a inventarse personajes, inventar historias, todo era maravillosamente perfecto, pero dentro de su cabeza, y a veces se olvidaba de ese detalle.
Vivía por sus sueños y para soñar, vivía con la esperanza y la ilusión que sus fantasías algún día dejarían de estar solo en su cabeza, y pasarían a ser de verdad.
Pero cotidianamente se perdía en los hilos de su cabeza, tejía constantemente escaleras al cielo, todo era posible a la hora de dejar volar su imaginación.
Ahí estaba el problema, creía tanto en sus sueños que vivía decepcionada porque las cosas no pasaban como ella quería, nunca. Vivía frustrándose.
La frustración le era tan cotidiana como el deseo constante de soñar.
Tanto se angustiaba por su constante fracaso que un día decidió no soñar más, y lo hizo, no soñó más. Tan así fue que perdió su esencia, no luchaba por nada, porque ya no tenía ni sueños, ni fantasías, ni ilusiones que perseguir, todo le daba igual, total ¿Qué perdía? Si ya no tenía ningún objetivo..
Y vivía y pasaba los días, como si nada, no soñó más, así que nunca se decepcionó, pero tampoco volvió a sonreír..
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