15/3/14

Hace poco más de cuatro años, entraba por la misma puerta, con los mismos nervios.
Que difícil son los comienzos. Que difícil son los cambios.
Entre risas y arena, descubrí lo que quería para mi vida. Ser educadora. Estar a cargo de un grupo, transmitir, enseñar. Eso quería para mi.

Hoy, cuatro años más tarde, me encuentro en la misma puerta. Más grande, cambiada, más madura. Con experiencia y estudios. Me encuentra en otro lugar en la vida.
Hoy, cuatro años más tarde, sigo reafirmando que es eso lo que quiero para mi, que estoy encaminada y que esto, a pesar de que hayan pasado cuatro años desde aquel lejano primer día, es sólo el principio.
Desde mi completa ignorancia sobre el teatro, me permito hacer la siguiente analogía.
La actuación se parece mucho a la educación.

Uno cuando sube al escenario se olvida de todo, actúa, canta y baila. Cuando uno entra a una sala o a un aula, pasa un poco eso. Se olvida de todo y se compromete, actúa, pone su mejor sonrisa y transmite, al igual que un actor.

En la docencia hay muchos menos aplausos, más quejas y abucheos, pero es también un poco ponerse en el papel de autoridad y creérselo, tal como el villano de la película.

A veces los aplausos con reemplazados por abrazos, miradas cómplices y logros obtenidos.

Un actor es un poco uno y un poco el personaje.
Un docente es un poco uno y un poco el personaje.

No se lo que pasará arriba del escenario. Pero yo cuando entro a la sala me olvido de todo, pongo mi mayor sonrisa a pesar del cansancio, canto y bailo como si fuese profesional, cuando en realidad apesto. Juego al fútbol como si fuese Messi y construyo castillos de arena. Cuento cuentos y le hablo a muñecos, como si en realidad me contestasen. Pinto y hago dibujos como si fuese Picasso y en realidad solo dibujo al Sapo Pepe.
Son muchos personajes, pero el más importante y el que se tiene que creer uno a toda costa, es el de dar seguridad. Yo adentro de la sala cuido, decido y protejo. Puedo con 20 nenes de dos años.
Y es un personaje, porque afuera de la sala no puedo ni conmigo misma.


4/3/14

Bocha de amor

Los hechos y o personajes del siguiente relato no pertenecen a la ficción, sino que la misma trascendió la pantalla de la tv y cobró vida.
Es la historia de una muchacha con rulos que calzó la mochila en hombros y fue de viaje al sur, unas vacaciones normales, lindas, un mes en el hoyo.

Allá se topó con algo que no esperaba ni imaginaba, con el amor.
Entre mates, fogones y caminatas el amor fue creciendo, a tal punto que ese mes no les bastó. Es así que la morocha de rulos volvió a su casa con la decisión tomada de volverse al sur, de irse a vivir allá. En el hoyo la esperaba bocha de amor, medio placard vacío, una vida nueva con campos montañas y mascotas. Treinta y pico de días después otro avión mismo destino.
Hasta pronto querida de rulos!
Éxitos en tus nuevos emprendimientos. Vos sí que nos haces pensar que las historias de amor, así no son sólo producto de cris morena y sus novelas, sino que pueden ser posibles..