Llueve, como los últimos catorce días. La ciudad es gris, húmeda y está repleta de charcos, baldosas flojas y paraguas.
No sale el sol, no se ve el cielo azul ni la gente en las plazas.
La gente retraída en el interior de sus casas, mirando por la ventana. Conductores con frenadas abruptas y y remeras pegadas al cuerpo producto del agua son el empapelado de la ciudad.
Llueve, como los últimos catorce días, pasillos embarrados y pasto inhabitable. Gente corriendo de techito en techito para no mojarse, la ventana del bondi cerrada y alguna que otra gotera me moja en la línea 124.
Otra vez el noticiero anuncia una alerta meteorológica y da la noticia que ya no es noticia, ya que todos sabemos que hace catorce días llueve.
No vaciles que estoy loca, solo trata de entender el porque de mi locura
15/2/14
13/2/14
12/2/14
Nuevos horizontes
Cuando uno tiene objetivos claros y sabe lo que quiere, se llega. Porque tanto inconsciente como conscientemente uno va por eso.
11/2/14
A la mierda con el idealismo
Es hora de sacarse las caretas y reconocer ciertas verdades.
Los principes azules destiñen, pero principalmente por elección propia.
Okei, si tengo que pensar en un hombre, cómo lo quiero? y, hippie, intelectual, que me quiera, que milite, que se involucre.
Bueno, resulta que no. ¿por qué? Basicamente por el mismo motivo que por el que lo quiero, porque sería PERFECTO y uno busca no enamorarse de aquel divino, proque señores, el hecho de que sea divino, no nos mueve un pelo.
Uno necesita sufrir, para todo, porque en el sufrimiento está el amor.
Sin sufrimiento no hay ni amor, ni arte, ni música, ni poesía.
Entonces.. ¿Qué queremos? ¿A nuestro principe azul? No!
Queremos a ese hijo de puta que no nos habla, que nos histeriquea y que nos da vueltas. A ese que tiene novia o que vive lejos. A ese que no nos contesta y que nos hace cheackear cada 4 minutos cuando fue su última conexión a whatsapp o si nos clavó visto en facebook.
Disfrutamos más de eso que de las relaciones en sí.
Basicamente, es casi lo mismo que darse un chapuzón en una pileta de clavos. Eso es el amor. Tenemos amor por el desamor.
Los principes azules destiñen, pero principalmente por elección propia.
Okei, si tengo que pensar en un hombre, cómo lo quiero? y, hippie, intelectual, que me quiera, que milite, que se involucre.
Bueno, resulta que no. ¿por qué? Basicamente por el mismo motivo que por el que lo quiero, porque sería PERFECTO y uno busca no enamorarse de aquel divino, proque señores, el hecho de que sea divino, no nos mueve un pelo.
Uno necesita sufrir, para todo, porque en el sufrimiento está el amor.
Sin sufrimiento no hay ni amor, ni arte, ni música, ni poesía.
Entonces.. ¿Qué queremos? ¿A nuestro principe azul? No!
Queremos a ese hijo de puta que no nos habla, que nos histeriquea y que nos da vueltas. A ese que tiene novia o que vive lejos. A ese que no nos contesta y que nos hace cheackear cada 4 minutos cuando fue su última conexión a whatsapp o si nos clavó visto en facebook.
Disfrutamos más de eso que de las relaciones en sí.
Basicamente, es casi lo mismo que darse un chapuzón en una pileta de clavos. Eso es el amor. Tenemos amor por el desamor.
Ensalada
Y bueno, cambiar es difícil y cuesta.
Hoy elijo dar un paso al costado. Cuando a uno no lo llena por completo lo que hace, es bueno abrirse. Una vez, una vieja conocida me dijo que si lo que hacía no me hacía feliz, que lo dejara de hacer y hoy siento que ya no me hace feliz, al menos por completo.
Con mucho dolor, angustia y miedo, hoy elijo crecer.
Siguiendo el camino por inhercia no crezco.
Miedo, sí, mucho, porque nunca vi algo distinto y porque cerrando esta puerta cierro una etapa, la de toda mi vida, eso que me aferra a la niñez o a la adolescencia, lo que siempre tuve, mi marco. Es descolgar la bandera y sacarme esa mochila para ir más allá. Es apuntar a recorrer otros caminos, otros vientos, otros pagos, es animarme.
Las cosas tienen techo, y a mi me gusta que el cielo sea el techo.
Quiero crecer, aprender, recorrer, buscar.
Me aterra, por supuesto, pero siempre se puede volver, lo que no siempre se puede es irse.
Hoy puedo, es el momento, es mi momento.
Hoy elijo dar un paso al costado. Cuando a uno no lo llena por completo lo que hace, es bueno abrirse. Una vez, una vieja conocida me dijo que si lo que hacía no me hacía feliz, que lo dejara de hacer y hoy siento que ya no me hace feliz, al menos por completo.
Con mucho dolor, angustia y miedo, hoy elijo crecer.
Siguiendo el camino por inhercia no crezco.
Miedo, sí, mucho, porque nunca vi algo distinto y porque cerrando esta puerta cierro una etapa, la de toda mi vida, eso que me aferra a la niñez o a la adolescencia, lo que siempre tuve, mi marco. Es descolgar la bandera y sacarme esa mochila para ir más allá. Es apuntar a recorrer otros caminos, otros vientos, otros pagos, es animarme.
Las cosas tienen techo, y a mi me gusta que el cielo sea el techo.
Quiero crecer, aprender, recorrer, buscar.
Me aterra, por supuesto, pero siempre se puede volver, lo que no siempre se puede es irse.
Hoy puedo, es el momento, es mi momento.
6/2/14
Signos de puntuación.
No creo en los puntos, los finales no existen.
La vida (o al menos mi vida) es un círculo.
La vida (o al menos mi vida) es un círculo.
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