Es hora de sacarse las caretas y reconocer ciertas verdades.
Los principes azules destiñen, pero principalmente por elección propia.
Okei, si tengo que pensar en un hombre, cómo lo quiero? y, hippie, intelectual, que me quiera, que milite, que se involucre.
Bueno, resulta que no. ¿por qué? Basicamente por el mismo motivo que por el que lo quiero, porque sería PERFECTO y uno busca no enamorarse de aquel divino, proque señores, el hecho de que sea divino, no nos mueve un pelo.
Uno necesita sufrir, para todo, porque en el sufrimiento está el amor.
Sin sufrimiento no hay ni amor, ni arte, ni música, ni poesía.
Entonces.. ¿Qué queremos? ¿A nuestro principe azul? No!
Queremos a ese hijo de puta que no nos habla, que nos histeriquea y que nos da vueltas. A ese que tiene novia o que vive lejos. A ese que no nos contesta y que nos hace cheackear cada 4 minutos cuando fue su última conexión a whatsapp o si nos clavó visto en facebook.
Disfrutamos más de eso que de las relaciones en sí.
Basicamente, es casi lo mismo que darse un chapuzón en una pileta de clavos. Eso es el amor. Tenemos amor por el desamor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario