Un joven casi no tiene pasado, todo se le presenta como futuro, como posible. Por eso que no tiene ataduras ni conflicto de intereses; por el contrario, busca ser auténtico.
Un joven de verdad quiere comprometerse, quiere amar, quiere dar la vida por algo, quiere exprimir la vida. Un joven de verdad quiere estar lúcido para no perderse detalles y es fino espiritualmente.
Los jóvenes de verdad no son como los prototipos que nos presentan los medios de comunicación: lindos, despreocupados, centrados en ellos mismos y serviles al sistema. Un joven de verdad es consciente del mundo que lo rodea, le molesta que está mal, la injusticia, la inconsecuencia y la hipocresía.
Por eso, si quieres ser joven de verdad, ten cuidado, porque serás peligroso. Te querrán anular, te llenarán de miedos, te harán creer que estás de visita en la vida y que nada puedes cambiar. Se las ingeniarán para que no reflexiones y no cultives tu interior, y así poder manejarte. Te programarán como ellos quieran. Te harán competir y ver al otro con desconfianza, no como tu prójimo.
Te harán actuar en la vida un rol que no es el tuyo, y por eso, en los ratos libres, querrás evadirte en una fiesta que te haga desahogar tanta frustración acumulada.
No dejes que te utilicen. La lata de cerveza o de bebida que, una vez vacía aplastas, es una adevertencia de lo que te están haciendo. No podrás aplastar un recipiente que está lleno, su contenido hace que incluso te puedas parar en él y te resista. Pero un recipiente vacío es muy frágil, lo aplastas con tu pie, como fácilmente te aplasta el sistema.
Al igual que el tarro, es tu contenido lo que te hace fuerte. Usa tu tiempo libre, tus vacaciones, para descansar y pasarlo bien, pero no te evadas en la fiesta. Reflexiona; no hay nada más subversivo que leer y pensar. Nada te hará más libre que el pensamiento propio. No tengas miedo a equivocarte, el riesgo de seguir tu ideal te dará más adredalina que cualquier fiesta.
Es más, existe un único fracaso de verdad en la vida, que es por miedo: no haber fracasado nunca.
No dejes que el trago y la droga te atonten, te hagan manejable. Te invito a un placer de verdad: a experimentar adredalina pura, jugándote por un ideal. No tengas miedo a ser distinto, no son los tatuajes del cuerpo los que te hacen diferente o irreverente, son tu modo de pensar y tu consecuencia con tu pensamiento.
Joven, no renuncies a ser joven, los que somos más viejos tenemos miedo a que seas un joven de verdad y nos desordenes lo que por años hemos ido ordenando o que nos hagas preguntas, que nos cuestiones nuestro modo de vida.
Pero también necesitamos con urgencia que seas un joven de verdad, para que así nos sacudas de nuestro letargo y no nos dejes acostumbrarnos a lo que nunca nos deberíamos haber acostumbrado. Recuerda el recipiente vacío, no dejes que te aplasten, no dejes que te vacíen de contenido. Aprovecha las vacaciones, conversa, observa, lee y piensa, sobre todo piensa...
Felipe Berríos
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