Bien, la puerta se abre y el perro sale corriendo, cruza la calle. La dueña descalza no puede salir de la casa, entonces yo con toda la buena onda salgo corriendo trás el perro. Paró en todos los árboles a marcar territorio, me acercaba, me miraba y volvía a salir corriendo. Dos cuadras. Lo agarré. Regreso a casa volvió a parar en todos los árboles. No tenía correa, no me registraba, no sabía como hacerlo volver.
El perro todavía se debe estar riendo de mi inutilidad y de mi falta de talento para resolver situaciones como esas.
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