20/4/11

Afuera llovía. La lluvia caía muy fina sobre todos los terrados, sobre todas las calles, sobre todos los jardines, sobre el mar como si no tuviese bastante agua, y a lo mejor sobre las montañas. Apenas se veía y era el principio de la tarde. Colgaban gotas de lluvia en los alambres de tender la ropa y jugaban a perseguirse, y, a veces, alguna caía y antes de caer se estiraba, se estiraba como si le costara desprenderse. Una lluvia fina, ni demasiado fuerte ni demasiado floja, y las nubes estaban tan llenas que su hinchazón se les arrastraba por los terrados. Mirábamos la lluvia.

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