Ser o no ser, esa es la cuestión. Cuantos interrogantes tiene la vida. ¿Qué somos? ¿Por qué? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Quién le pone nombres a las cosas? ¿Quién eligió el nombre de los colores? ¿Tenemos la posibilidad de elegir o está todo previamente establecido? ¿Existirá el destino? De ser así, ¿estaremos guiados por él? ¿Qué es verdaderamente el arte? ¿Todos podemos crear? ¿Qué es el tiempo? ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? ¿Quién le pone nombre a las cosas? ¿Quién osa de nombrar algo a partir de la nada? de inventar sílabas que juntas formen una palabra, con un significado tal que evoque a una construcción. Y, ¿Por qué son aceptadas estas palabras? ¿Quién las acepta? ¿A quién pertenecen?
Que simples son todas estas preguntas, ¿Existirán respuestas? ¿Hasta cuando seguiré interrogando? Me enseñaron a pasar los límites, a cuestionarme todo lo que me genera dudas, pero mi vida se convirtió en un constante cuestionamiento. No sé si soy, si existo, si vivo.
Llegué al punto de perder la cordura, de cuestionarme hasta lo incuestionable, no consigo respuestas, no me conformo con un simple “porque si”.
“Cogito ergo sum” decía René Descartes, yo pensé tanto que me olvidé de existir, me olvidé de ser feliz, de correr, de soñar. Mi vida es un constante interrogante.
Y, ¿Saben qué?
Tantos interrogantes pueden generar una gran crisis
PUM
Sos una linda. Y crisis.
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