Lunes, el último lunes de la escuela secundaria y para colmo turno al dentista, no hay peor forma de empezar la semana.
Después de un día medio pelo, triste y con noticias poco agradables comenzó el retorno a casa.
En el medio de la angustia una cabeza flotante se asoma por la ventana del 34 y me grita.
A un par de paradas dos payasos simpáticos se suben al bondi a alegrar un poco el viaje de las personas y conmigo lo hicieron.
Gracias payasitos por alegrarme el día.
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