20/8/15

las calles eran angostas y estaban embarradas, por algunas era imposible transitar si no te sumergias, otras se podía zafar pisando el borde o alguna capa de basura.
la escuela estaba decorada por cartelitos hechos por alumnos, con los nombres de cada uno y el de cada seño, en los baños no habían espejos ni agua caliente, el comedor era enorme y frío, faltaban vidrios de algunas ventanas.
Era el barrio acuba, un barrio donde la gente prefería no ir a construir, era un barrio con una bandita "peligrosa" que se juntaba todas las noches en la esquina del colegio. Ellos salían a robar y cuando pasaba algún patrullero se metían corriendo adentro de la escuela, cuando los policías preguntaban a la directora si los había visto ella los cubría y decía que no, si decía la verdad sabía que no la iba a contar, los pibes iban a estar un rato en la comisaría e iban a salir, eran todos menores de edad. robaban todo lo que podían para comprar cualquier tipo de droga, preferentemente Paco, pero si no había se consumía la que fuese.

Para construir también era jodido, hasta hace poco tiempo el barrio funcionaba como basural, así que era todo basura, cascotes y pozos ciegos.
Sumado a la regla de no usar herramientas eléctricas para romper o para cortar, íbamos a tener que hacer mucho trabajo. Ni hablar del desnivel del terreno y lo angosto que era,al punto que para clavar el techo hubo que hacerlo quitando un alambrado y pidiéndole permiso al vecino.
Era claro que no iba a ser un fin de semana de spa, sino de laburo intenso.
Durante el dia el calor producto del sol y las chapas y por la noche el frío de la bolsa de dormir en el piso de la escuela.
Alguien lo tiene que hacer, alguien los tiene que ayudar. 
Cynthia tiene dos hijos, una nena de 6 años y un nene de 18 meses. Lucas, el padre, es golpeador. Le ha pegado reiteradas veces adelante de los chicos, tiene problemas con el alcohol.
Cynthia necesita un techo para poder irse de la casa, necesita protegerse y proteger a sus hijos, del barrio, del frío, del hambre y de Lucas.
Cynthia no tiene mucho para dar y aun así nos dio todo. Nos abrió las puertas de la casa de su mama, nos cebó mates, nos cocino y fue nuestra compañera durante un fin de semana, laburando a la par nuestro.

No fue fácil, la primera noche la bandita de la esquina nos tiró con bombas Molotov (y estoy siendo literal) por suerte estábamos adentro.
La segunda noche nos tiraron botellazos de vidrio, que nos encontraron en una guitarreada en el patio, hubo que salir corriendo esquivando los vidrios. Algunos me pegaron de cerca a mi y a mis compañeros, por suerte no nos lastimaron.

Por momentos me preguntaba que hacia ahí, porque me había ido de mi casa, de mi cama, de mi comodidad para estar durmiendo en el piso y estar esquivando botellazos de vidrio que podrían haberme lastimado. Al instante se me venía la cara de cynthia y sus hijos a mi cabeza. Era por ellos. Alguien lo tiene que hacer, alguien los tiene que ayudar.

Hoy cynthia tiene un techo donde dormir con sus hijos, tienen su cama y sus pequeñas comodidades, no será un hotel 5 estrellas, pero ya no tiene que convivir con los golpes de Lucas.

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